En Rotterdam, las bandas callejeras locales se alían con colombianos para construir su imperio. Impulsado por la fuerte demanda, el tráfico de cocaína desató una ola de violencia sin precedentes.<br /><br />La segunda parte del documental comienza en la década de 2.000 en Europa y muestra el ascenso de delincuentes peligrosos que emigraron a los Países Bajos, entre ellos Gwenette Martha o Ridouan Taghi, que se convierten en los principales interlocutores de los traficantes de cocaína sudamericanos. Su organización no duda en recurrir a una violencia sin precedentes para defender sus intereses. Los asesinatos de abogados y periodistas, los actos de represalia con armas de guerra y las amenazas contra la familia real sacuden al país.<br /><br />Los narcotraficantes supervivientes se trasladan a Dubái, el paraíso comercial de Oriente Medio, desde donde continúan sus negocios a través de plataformas de comunicación encriptadas. Cuando, a finales de 2.020, las autoridades policiales logran descifrar las plataformas, se cree haber encontrado el Santo Grial: se producen miles de detenciones de narcotraficantes, incautaciones récord de armas, dinero en efectivo y drogas, así como la identificación de innumerables cómplices que blanquearon dinero en secreto.<br /><br />Sin embargo, las bandas criminales no tardan en reorganizarse, y se vuelven aún más ágiles y móviles que antes. Otra prueba de la capacidad de resistencia y adquisición de los delincuentes es el precio casi estable de un gramo de cocaína. A mediados de la década de 2.020, los jueces, las fuerzas policiales y los funcionarios de aduanas europeos coinciden en un punto: el tráfico de drogas es la mayor amenaza para la seguridad interior de Europa.
